lunes, 1 de junio de 2020

EL GOCE FEMENINO EN SU CARA MORTÍFERA. DROWNING BY NUMBERS. CONSPIRACIÓN DE MUJERES (TÍTULO EN ESPAÑOL). DE PETER GREENAWAY. 1989.

Hacía tiempo que quería ver de nuevo este film de Peter Greenaway, difícil de caracterizar. Se podría decir que desde el comienzo es tan bizarro como atrapante: en primer plano un ave muerta que cuelga de un poste; más atrás una niña que parece salida de Las Meninas, o también de un circo, que salta a la cuerda, y cuenta; cuenta hasta cien saltos y con cada uno de ellos nombra una estrella diferente. En ese instante nos damos cuenta de que estamos frente a algo serio; no es un film más. Es críptico, intrigante, magistralmente actuado, hermosamente dicho (si te gusta la lengua inglesa vas a entrar en éxtasis viéndola). 
¿Por qué la niña se detiene con los saltos y con la cuenta en cien? Después de la centena, todas las centenas son lo mismo, dirá.
Un niño, hijo del forense de un pueblo que nunca veremos, sino a través de casas, jardines, cabañas en particular, tiene la obsesión de los números: la realidad puede reducirse a un juego, muchas veces, también bizarro o inexistente, y a la cuenta: todo es contable, mensurable, una sucesión de partes que pueden adicionarse, en el intento de circunscribir el todo. Las muertes que ocurren, en general animales, tienen su número y un color adjudicado, según el día en el que suceden. Todos parecen participar de la misma lógica, hasta que Cissie, la más grande de ellas, porque hay tres Cissies, madre, hija y sobrina, decide ahogar a su marido ebrio que, suponiendo que ella no iba a estar en casa, se divierte en sendas bañeras con una muchacha joven. La decepción, el rechazo, la impotencia de los hombres para estar a la altura de las expectativas de las Cissies, encadenará una sucesión de "ahogamientos" de sus respectivos maridos. En cada caso, ellas acuden al forense, para que certifique muerte por ahogamiento, dejándolo soñar con un encuentro pasional con ellas (al comienzo, una por vez, pero luego, las tres juntas) que dudosamente ocurra, hasta que el empuje criminal se cobre su última víctima. 
Como les dije el film es bizarro, las escenas son un montaje estrafalario de cosas diversas que, sin embargo, funcionan muy bien juntas. Rodeados por animales (vivos y muertos) y con la presencia permanente del agua, los personajes hombres se pasean por los días como sin propósito, como extraviados, con cuerpos de alguna manera, marcado por el exceso, cuando son ellas las que parecen siempre esclarecidas y seguras de sus actos, que justifican vaciándolos de su esencia criminal

Me preguntaba mientras la miraba, ¿qué llegaría a los espectadores que no leyeron a Lacan, que no leyeron a Freud? No tengo respuesta a esa pregunta; algunas críticas que leí de su estreno, dejan clara la sensación de perplejidad y de asombro ante semejante obra. Es que ver este film es UNA EXPERIENCIA. 

Me refería a Lacan más arriba, porque es imposible no ver plasmado en el film el desarreglo de los goces del ser hablante, se ubiquen en la lógica del Todo o en la del No Todo. La cuenta, la discontinuidad, la decepción ligadas a los hombres, están en estrecha conexión con la lógica fálica, con la deflación, con un goce discontinuo. Por el contrario, ellas se nutren del empuje a la infinitización de un goce imposible de colmar. Ese empuje las une, las acerca; se entienden mutuamente, justifican entre sí sus crímenes, se ríen de sus maridos "ajusticiados" en nombre de un goce que los envuelve y los ahoga como el agua. Como si ellas vieran que ellos se ahogan en números (tal la traducción del título original) y para confirmarlos en su impotencia, decidieran ahogarlos. 
No hay discontinuidad en un goce envolvente, que hace que la mujer sea Otra para sí misma, solo que las mujeres del film de Greenaway, creen poder identificarse a ese goce, e ir por la vida haciendo justicia con aquellos que no lo experimentan. Ellas están a salvo porque saben nadar en la infinitud de las aguas del mar. ¡Increíble metáfora! ¡Una joya! 
El film es una maravilla. 
No lo vi con una mirada de espectadora vaciada de ciertos conceptos, y además lo vi por segunda vez, aunque hiciera muchos años de la primera; no olvidaba la última escena, en el bote, en el mar. Pero me atrevería a decir que tiene condiciones por demás para atrapar a cualquier espectador que disfrute del cine inteligente que no brinda todo masticado, ni apela a la obviedad. 
Yo que vos, la vería. 

Les copio el enlace para que luego no digan que no la encuentran.

¡ESO SÍ! Los pochoclos o el maní con chocolate los ponés vos. 


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