Tuve hace poco la fortuna (siempre en mi caso guiada por mucha curiosidad por las cosas y la vida) de descubrir el lugar donde vivió el músico Offenbach, en la ciudad Luz. De vuelta en Buenos Aires, veo programada su ópera, estrenada en El Théatre de l´Odeon de Paris, el 21 de marzo de 1851. No lo dudo, y sin saber de qué iban sus Cuentos, busco entradas. Ya quedaban poquísimas y en muy dificultosos lugares. No importó. Mientras fuera con butaca, estaría bien (ya no estoy en edades de ver parada un espectáculo de más de tres horas). Me llevé una gratísima sorpresa.
Se trata de las desventuras amorosas de Hoffman. Cae en el primer acto, embelezado por la obra de un maniático de la fisica: su famosa y virtuosa hija Olympia, no era otra cosa que un autómata. La sorpresa del enamorado se iguala entonces a la decepción del desengaño. Luego vendría Antonia, la melancólica cantante frustrada por la muerte de una madre insustituíble e imposible de duelar, y que por haber heredado de ella el don del canto, es condenada al mutismo por un viudo insensible a la inminente pérdida de la hija también. Por último, sus amores frustráneos lo llevarán a caer nuevamente, preso de los encantos y embrujos de Giulietta la cortesana.
Desengañado del amor, será la Musa la que le cante que somos grandes en el amor, pero más en las lágrimas, y que si se entrega a su poder, el de la poesía, renacerá de su desconsuelo.
Con interpretaciones majestuosas de todos los cantantes, y en especial de Mar Morán, una Olympia capaz de cantar hasta las notas más imposibles y de sostenerlas con fiereza en el tiempo, así como de hacerlas languidecer como si fueran atrapadas por una niebla espesa, la obra toda conmueva hasta la emoción, en un final que suma al Coro en pleno.
Un párrafo aparte: ayer fue el debut. Al finalizar la obra, subió al escenario un hombre elegante al que le dieron un hermoso ramo de flores y un aplauso cerrado de los artistas y asistentes al estreno. Fue en memoria de Eugenio Zanetti, fallecido en septiembre último. Eugenio, talentosísimo y completísimo artista argentino, que había ido por el mundo engalanando escenarios de los más importantes, había sido artífice de la puesta de la obra alla por el 2019, y había estado a cargo, hasta su sorpresivo fallecimiento, de la puesta de esta versión, que es una reposición de aquella del 2019. Zanetti había tenido a carto la dirección de escena, el diseño de la escenografía, del vestuario y de las imágenes que se proyectaban.
De más está decirles que lo que hizo fue una obra de arte con mayúsculas. La puesta es deslumbrante desde todo punto de vista; me dejó sin palabras. Por momentos (por ejemplo en el tercer acto, donde se pone en escena un burdel) era difícil distinguir si veía lo que veía o era una alucinación: realmente impactante.
Les recomiendo mucho esta obra desde todo punto de vista. La música es bellísima, y su argumento me hizo pensar en que Barbier se adelantó con el argumento de esta ópera, a la sublimación como destino de pulsión, en el más allá del amor.
Si encuentran entradas todavía (quedan seguramente Tertulia y Cazuela) vayan. No se van a arrepentir.
Les dejo imágenes tomadas del video de la versión del 2019 (soy respetuosa de los artistas y no tomo fotos en la función), la información de todos los rubros y artistas que forman parte de la puesta, y el enlace para que vean la ópera, desde el canal de youtube del teatro.
Que la disfruten. (el blog subió las fotos en el sentido inverso de los actos, de modo que empiecen a mirarlas de abajo hacia arriba)
https://youtu.be/ODuVrnkgwco?si=B2BuwZa5qPTrF02i




