viernes, 6 de diciembre de 2019

ÉRIC LAURENT EN BUENOS AIRES: REFLEXIONES SOBRE TRES ENCUENTROS DEL FEMINISMO CON LA NO RELACIÓN SEXUAL". MIÉRCOLES 4 EN EL PALAIS ROUGE.

 Asistí a la conferencia que dictara Éric Laurent, miembro de la ECF, ex- presidente de la AMP, y flamante Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, en relación al feminismo y su encuentro con la no relación sexual. 
Participaron con comentarios Daniel Millas, presidente del Consejo Estatutario de la EOL, Diana Wolodarsky, directora saliente de la EOL y Silvia Salman, consejera de la AMP  (los tres miembros de la EOL y de la AMP). Luego hubo momento para preguntas del público asistente.
Comparto con ustedes un comentario sobre la misma.
Daniel Millas se refirió al primer foro Zadig, en agosto último, sobre Feminismos, por las distintas voces y posiciones, a veces, contrapuestas y paradójicas. Destacó de aquella conversación, los escraches; el reclamo de algunas mujeres de ejercer la prostitución, más allá de las nuevas legislaciones que penalizan y a la vez, otorgan nuevos derechos; la identificación de la mujer con la víctima; y los alcances de la Ley de identidad de género frente a prejuicios heteronormativos.
Silvia Salman destacó que el feminismo se abocó al esclarecimiento de las relaciones de poder y de la categoría de género; a destacar la discriminación, la degradación y la violencia contra las mujeres. El analista se confronta con las preguntas ¿a quién le hablo?, ¿cómo intervenir en el debate público? ¿cómo afectan estas manifestaciones la práctica? Destacó que los psicoanalistas estamos en estado de permanente elaboración respecto de estas temáticas, contemplando cómo intervenir cada vez que la dignidad humana se vea comprometida.

Éric Laurent partió de destacar tres puntos que modifican la elaboración discursiva del feminismo: 1) las denuncias de feminicidios, 2) la reapertura del debate sobre la violación por parte del movimiento #Metoo, 3) el forzamiento de la lengua mediante la escritura inclusiva. 
Todas estas cuestiones convergen para producir un debate, más allá de la diferencia de los sexos, sobre lo que es una mujer.
Destacó que las denuncias de feminicidio comenzaron en el 2010 en América Latina, refiriéndose luego a los crímenes de Ciudad Juárez, y al surgimiento del fenómeno en España y Francia, a pesar de contar con leyes que lo penalizan. Los dispositivos legales adoptados no inciden de una manera suficiente en esta problemática. Citando a Lacan dijo que los hombres no saben qué hacer con el cuerpo de las mujeres, por ello, ¿qué pasiones se juegan allí? Evocó el mito de los andróginos, que Platón pone en El banquete, en boca de Aristófanes. Freud, cae en la trampa con su idea de Eros como tendencia hacia el Uno. Lo Real es Dos; es lo imposible de lo que daría sentido a la relación sexual.
El feminicidio da cuenta de que frente al enigma del sexo una exigencia de goce del cuerpo de una mujer puede absolutizarse sin límites. En Kant con Sade Lacan cuestiona la posición de Kant, por confiar en exceso en la ley, que no evita la exacerbación de la pasión. El deseo basta para que la vida no tenga sentido si produce un cobarde, señaló, evocando a Juvenal. En el feminicidio no se trata de ésto, del hombre de deseo o de pasión sin embargo, sino del hombre de goce. Los hombres que matan lo hacen a pesar de la ley, incluso hay reincidencia. Se demuestra que el hombre tiende a marcar el cuerpo del ser amado/odiado. El gesto de marcar va de las cosquillas a la marca violenta; una manera de absolutización ordinaria del goce que viene a velar el agujero de la no relación sexual.

La escritura inclusiva y la feminización del discurso son otra manera de velar la no relación sexual. No está del lado del goce y de su condición absoluta, sino que juega con el poder del significante para neutralizar las diferencias, la sexual entre otras. En Estados Unidos el discurso universitario se ha empeñado en vaciar el discurso de las pasiones odiosas, sin embargo sus efectos son paradojales sobre los lazos sociales universitarios: los sentimientos de soledad y de rechazo entre los estudiantes nunca han sido tan grandes, incluso se produjo el surgimiento de una nueva palabra en esos ámbitos: microagresión, inventada en Nueva York, en Columbia, que daría cuenta de los efectos sutiles de desvalorización de los individuos por medio del lenguaje, afectando a las minorías, reenviándolas a su alteridad. Se intenta, en una tarea sin fin, desactivar lo hétero de los discursos. Se refirió a la tesis de Koyeve, Lo viril ya no existe, para interpretar los fenómenos contemporáneos. Uno de los discursos del feminismo, el discurso de la histérica, propone mantener el universal de lo femenino. La escritura inclusiva es a este precio: el hecho de que el significante puede borrar la diferencia sexual, enmascarando la no escritura de la relación sexual, jugando de manera inclusiva con el género. Lacan coloca el género en los caracteres sexuales secundarios. Citando a Lacan destacó que el ser es goce del cuerpo como tal, es decir como asexuado; el goce sexual está marcado, dominado por la imposibilidad de establecer el Uno de la proporción sexual. Dirá Lacan, los caracteres sexuales secundarios de la mujer son los de la madre, "nada distingue a la mujer como ser sexuado sino justamente el sexo". Decir que "solo del lado de las mujeres el sexo adviene al ser hablante es deshacerse de la identificación de la libido y del falo para afirmar que el sexo como tal no es otra cosa que el mantenimiento de la distancia entre el goce obtenido de una mujer, su ex-sistencia, y la imposibilidad de definir la esencia de lo femenino". Es desde la perspectiva de la ex-sistencia sin esencia que Lacan definirá al ser sexuado en una performance: "El ser sexuado no se autoriza más que de sí mismo y de algunos otros" dice Lacan, tomando una perspectiva nueva la cuestión de la autorización del psicoanalista. Ningún carácter secundario puede cerrar esta cuestión, ni la cuestión del falo que no es más que una falsa respuesta al tema planteado así. El goce fálico se convierte en obstáculo a lo que sería el acceso del goce del cuerpo sexuado de una mujer, porque goza del órgano. La perspectiva del partenaire-síntoma permite distinguir lo que tiene lugar a nivel del significante y lo que tiene lugar al nivel del goce. 

El movimiento #Metoo nos interesa en relación con sus debates con el feminismo de los ´70.
Iniciado por un artículo de prensa, es el hashtag que se difundió por las redes para denunciar los abusos y los hostigamientos en el ámbito profesional, especialmente. La iniciadora Alyssa Milano, en un tweet instó a las mujeres a compartir sus experiencias: en 24 horas su tweet fue replicado más de 12 millones de veces, ella misma víctima de un afamado productor de Hollywood. Este movimiento alteró el debate sobre la violación, tal como había sido planteado por el feminismo de los ´70.
La autora australiana Germaine Greer, autora de un gran best seller sobre feminismo de los ´70 (La mujer eunuco), se distancia del movimiento #Metoo recientemente, diciendo que es quejoso, y que los hombres poderosos involucrados se dedicaban a preparar sus defensas, y las mujeres en cuestión serían destrozadas, porque "el poder es el poder y las que se quejan no lo tienen". Lamentó también que el movimiento no se dirigiera a las mujeres de minorías. Luego publicaría un libro "On rape"sobre la violación, distinguiendo la ordinaria (la que ocurre en las parejas normales) de la violenta, y propone más condenas más ordinarias, con penas más cortas.
Como señalara Milner, el movimiento pone de manifiesto que en el medio hollywoodense, la violación era la regla, y no la excepción. La lógica del movimiento es una lógica agregativa sin límites; un universal fácil al decir de Milner, implica un mecanismo de adición indefinida. Señala que este mecanismo consuena con el programa de la civilización americana de domesticar la naturaleza salvaje, especialmente el salvajismo sexual, sin detenerse en el programa europeo. El movimiento #Metoo permite recomenzar y marcar una ruptura con el feminismo universitario: se trata ahora del coito como violación como tal, y de cómo esto se juega en el ámbito de las mass-media. El salto del movimiento fuera del ámbito universitario renueva el debate sobre el estatuto de la violación como tal; opone a Platón y a Kant de otra manera: el Kant no sólo de la ley, sino también el del contrato (implica un uso recíproco de las características sexuales). Entonces el problema que surge es que cada uno de los partenaires trata al otro como una cosa, como un medio para su goce; el consentimiento explícito bajo la forma contractual zanjaría esta paradoja y esta falta de la ética (para Kant el contrato era el casamiento y duraba de por vida). En Estados Unidos la preocupación explícita del contrato no es tan marcada como por ejemplo, en los países escandinavos, pero la teoría del consentimiento mutuo rige de todas formas, intentando resolver la asimetría de poder entre los partenaires. El affaire Weinstein dio cuenta de la disimetría de las relaciones. 
Sobre el punto de que el otro sea el instrumento para mi goce, el psicoanálisis se separa de la solución contractual tanto como de la solución de la pura relación de fuerzas. Hace del acoplamiento, sea cual sea su forma, el vinculo de goce que viene al lugar de lo que hace impasse en el significante, y que siempre lo hará. Con esta doble lectura, a nivel significante y a nivel del goce, Lacan hace del impasse una solución: lo que J-A Miller extrajo como la teoría del partenaire-síntoma, que supone dos maneras de leer la relación que no hay. En Aún Lacan opone el Uno del amor y del significante y el Uno del goce: dirá Miller, el otro se convierte en síntoma del parletre, es decir, un medio del goce de mi cuerpo, es un modo de gozar del cuerpo del otro, y por ésto hay que entender a la vez el cuerpo propio, que siempre tiene una dimensión de alteridad; el cuerpo del otro como medio de goce del cuerpo propio. Con eso tendrá que arreglárselas. Identificarse con el síntoma no es lo mismo que identificarse con un significante, desde el orden de soy como gozo. Esta identificación al síntoma al nivel de los cuerpos, a nivel sexual, define un saber-hacer-ahí con el partenaire sexual como medio de goce. Así Lacan incluye a la vez las prácticas eróticas del manejo de los cuerpos, la manera cómo los marcamos y el desenvolverse como otro nombre del embrollo por el que tomamos objetos, recuperamos los objetos a sobre el cuerpo del otro.  Para hacer con este goce, que es una mezcla de Simbólico, Real e Imaginario, ya no basta con apoyarse en los recursos del sentido, como la primera formulación del inconciente freudiano invitaba a hacer. A partir del ´76 en la obra de Lacan se esboza una nueva perspectiva, apoyada en un saber hacer con el tratamiento de la imagen. Nos las arreglamos con el partenaire sexual como lo hacemos con nuestra propia imagen, que manipulamos. En la elección del partenaire de lo que se trata no es del orden del encantamiento por la imagen, o de una relación con el cuerpo que sería sin mediación. El obstáculo entre los sexos a nivel del significante se establece mediante el significante fálico. Citó a Miller que se refería a El Atolondradicho, comentando que no hay relación significante más que con el falo, que fue para Freud una solución, respondía a lo visible del sexo. El penisneid hacía el resto para facilitar la cópula. En cambio el falo para Lacan hace obstáculo. Todo discurso se caracteriza por excluir lo que implica de imposible, la relación sexual, de ello resulta del diálogo entre los sexos, algún inconveniente. En ese texto propone una lógica basada en tres dimensiones de lo imposible (en el sexo, en el sentido y en la significación), en relación con lo que llama saber hacerse una conducta (muy diferente de la propuesta del conductivismo comportamental). Estos desarrollos lo llevan a Lacan a la escritura de los nudos, con la que la articulación de los nombres propios R, S, I, que suplen al falo, para nombrar los efectos de goce. El nudo, dirá Miller citado por Laurent, da cuenta de que el hombre está compuesto, que no es una sustancia, un ser que resida en un cuerpo. No es un ser aristotélico. Es el sinthome el que da una sustancia a este cuerpo. Esta sustancia es el goce, obtenido por un medio que sobrepasa las aporías de Eros, del Eros fálico y su universal. El sexo como tal no puede soportarse más que del rechazo lógico del todo. No es más que un abrazo no-todo. El sexo, dirá Lacan en El Atolondradicho, por sostenerse en el no-todo, en héteros, no puede saciarse del universal. Será heterosexual aquel que ame a las mujeres, cualquiera sea su propio sexo. Ese es el unarismo lacaniano. La experiencia del sexo como tal puede decirse sexual sólo si no hay representación a nivel significante de lo que se siente al nivel sexual del goce. En eso no hay ningún binarismo. Aquello del goce femenino que parecía como un déficit (ellas no dicen mucho sobre eso), Lacan lo radicaliza como la posibilidad del sexo como tal. Hacer la experiencia del sexo es hacer la experiencia de un goce que se siente pero que no tiene inscripción en el Otro. En este sentido se inscribe en el no-todo. Cerró su conferencia señalando que nos quedábamos con esa claridad. 
Luego hubo lugar a preguntas del público.

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