jueves, 24 de mayo de 2018

Pásense por el Centro Cultural Borges este finde! Vean Imperfecta. Muestra de Gisela Gaffoglio.

Acompaño un año más con mis palabras, la muestra de Gisela, amiga y artista grosa! Pasen! Quizás nos encontremos.

http://www.arsomnibus.com.ar/web/muestra/muestra-imperfecta

miércoles, 23 de mayo de 2018

El Infierno de Dante es atemporal. ¿Última entrada..?

No pude con mi genio. Mi hija siempre me dice aquello de que una imagen vale más que mil palabras... así que hoy es puro deleite visual y estético (con un pequeño texto, cuya lectura no aburrirá a nadie, seguro). William Blake. La Divina Comedia de Dante. De Editorial Taschen.


lunes, 21 de mayo de 2018

El Infierno más amado! La Divina Comedia de Dante Alighieri

 ¡Bienvenidos al Infierno de Dante!
La Divina Comedia. Dante Alighieri. Traducción y notas de Jorge Aulicino. Editorial Edhasa. Edición 2015. Ilustraciones tomadas de William Blake. La Divina Comedia de Dante. S. Schütze y M. A. Terzoli. Editorial Taschen. Edición 2017.

Según los estudiosos en la materia, se sabe poco de la vida del gran poeta florentino. Menos aún del derrotero al que se vio sometido, luego de ser desterrado (en 1302, con motivo de su participación política y su pertenencia al grupo de güelfos blancos, cercanos al Pontificado) por Carlos de Valois, hermano del Rey de Francia. Las casas reales europeas no son mi fuerte, de modo que dejo estas referencias para los que saben sobre estas menudencias. La cuestión es que le impusieron una multa, le prohibieron ocupar cargos públicos a perpetuidad, y lo desterraron dos años. Dos meses después fue condenado a muerte y sus bienes le fueron confiscados, veredicto que afectó también a sus hijos varones. Dante nació en Florencia en 1265 en una familia güelfa y murió en Rávena, en el exilio, en 1321.
No se han conservado manuscritos de su autoría, quizás debido a la confiscación. Ciertos cotejos históricos permiten aventurar que el Infierno se escribió entre 1306 y 1309, el Purgatorio alrededor de 1313 y el Paraíso entre 1316 y 1321. Es decir que la Divina Comedia fue escrita en el exilio. Inclinado desde joven hacia la poesía, escribió su Comedia (así la llama él, y “Divina” fue agregado por Boccaccio, primer biógrafo de Dante) en lengua vulgar, en detrimento del latín; escritura que no obvió la invención de vocablos.
Los cálculos y las aportaciones que hace el propio autor en el Infierno, dan cuenta que el viaje de nuestro héroe, de la mano del poeta Virgilio, que lo guiará hasta la salida del Purgatorio, comienza la noche del Jueves Santo de 1300. El trajinar por el infierno concluye la noche del Sábado de Gloria, en las últimas horas de la vigilia Pascual (duración aproximada de dos días). De modo que la Comedia transcurre en Semana Santa de 1300, y culmina en el Paraíso coincidiendo con la resurrección de Cristo.
Dante se topa en su viaje con la selva oscura, metáfora de extravío moral,  y será la compañía y sabiduría de su maestro Virgilio lo que le permitirá sortear toda clase de fieras, peligros, horrores y angustias a través del Infierno, en su camino al encuentro de Beatriz, que se produce en el Paraíso. Es la misma Beatriz la que se le aparece a Virgilio instándolo a que acuda en ayuda de Dante. Hasta aquí, una mínima información “dura” para situarnos.
Les cuento que luego de leer Infierno, anticipo que la Divina Comedia es una obra descomunal. Con una estructura muy precisa (delimitada por la importancia del número 3, que remite a la Sagrada Trinidad, cada trayecto está compuesto por 33 cantos, de tercetos de tres endecasílabos; cada parte termina con la palabra “estrella”) aúna en su texto profundamente sincrético a seres, poetas y filósofos antiguos; la tradición clásica y la cultura medieval, el texto bíblico, la ciencia y la geografía de la época, la política y la historia, el mundo pagano y el cristiano. 
Créanme, difícilmente se salve alguien de encontrarse en el Infierno dantesco, que no tiene antecedentes ni teológicos ni literarios, y que funda nuestra concepción del mismo.
Tal como lo inmortalizara Botticelli en su pintura, es un embudo de círculos concéntricos, algunos de ellos a su vez divididos en fosas (como el 8vo) o en giros (como el 7mo), en medio de tinieblas. Al entrar en él, se lee la siguiente leyenda: “Dejen toda esperanza los que entran”. Según la geografía de la época (¡aquí hasta se vuelve casi un texto antropológico por darnos los conocimientos geográficos de su tiempo!) el Infierno se sitúa debajo de Jerusalén, centro del hemisferio boreal, llegando en su parte más angosta a hundirse en el centro de la tierra, donde en la parte helada del Infierno, mora Lucifer, el ángel caído. Al salir del Infierno, Dante vislumbra una montaña, en las antípodas de Jerusalén: es el Purgatorio ( y esto es bellísimo: al salir del Infierno, Dante se encuentra con Lucifer, arrojado por Dios, que dotado de tres caras y tres pares de alas gigantes de murciélago, devora en cada una de sus tres bocas a los tres más grandes traidores: Judas Escariote, Bruto y Casio. Lucifer al ser expulsado por Dios, habría caído en el hemisferio austral- ¡oh no!- habiendo obligado a la tierra a replegarse en el hemisferio norte, por temerle. De modo que ¡la única tierra que habría quedado en el sur, sería el Purgatorio!).
Siguiendo la Ética aristotélica, más se desciende en los círculos del Infierno a pecado más grave. El circuito parte del Ante Infierno, donde se encuentran los pusilánimes; “la secta de los condenados que no agradan a Dios ni a su enemigo” (cita de la edición mencionada más arriba). Para recorrerlo todo, habrán de cruzar ríos hirvientes, de sangre, llenos de sufrientes en eterna agonía, y evitar la amenaza de fieras salvajes de toda índole. Parte del primer círculo o Limbo. Del 1er círculo al 5to incluido, hallamos a los pecadores por desmesura: lujuriosos, glotones, avaros y derrochadores, iracundos y perezosos, los no bautizados;¡ los poetas!. En el 6to están los heresiarcas, y en el 7mo los violentos, divididos en 3 recintos: los violentos contra el prójimo, contra sí mismos y contra Dios y la Naturaleza, respectivamente. En el 8vo, dividido en 10 bolsas, los fraudulentos (rufianes y seductores, aduladores, simoníacos, magos y adivinos, hipócritas, ladrones, malos consejeros, cizañeros, falsarios, entre otros). Finalmente, el 9no círculo está dispuesto para los peores pecadores que pudieran existir: ¡los traidores!: dividido en 4 recintos, se ubican allí según la magnitud de la traición, los traidores a sus parientes, a su patria, a sus huéspedes, y por último, a la majestad humana y divina. Les dije, ¡no se salva nadie!
Cargada de simbolismos, de metáforas, de alusiones a la cultura griega, a sus dioses, a Cristo, Dante se venga y hace justicia a su vida con su obra. Menciona, haciendo gala de un lirismo impresionante,  a los pecadores de toda índole por su nombre, apellido y cargo, cuando lo tuvieren. Lamenté no haberla leído antes tanto como desconocer la lengua de Dante, que en alguna medida habrá sido la de mis ancestros, para gozarla más.
Me voy ahora que me espera el Purgatorio. 
Ah! La ilustración en la que Dante y Virgilio se encuentran a las puertas del Infierno, es del genial William Blake.



jueves, 17 de mayo de 2018

Imperfecta. Hoy abre la muestra de Gisela Gaffoglio en el Borges


IMPERFECTA.
Muestra de Gisela Gaffoglio en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires.

Una relación pasional, intuitiva, une a Gisela con el lienzo en blanco.
La tela en blanco le exige y le implica una entrega total. Como un amante insaciable, como la vida misma: ámbito en el que se despliegan los mundos contenidos en constante reconfiguración, en un dinamismo perpetuo, en el que habrá que hacerse a lo imperfecto, a lo abierto, a las cargas con las que transitamos, para hallar una nueva belleza.
Las obras de esta muestra denotan una tensión. La realidad vacila, oscila. La ciudad se fragmenta, asediada por surcos, por remolinos de color. El orden de lo establecido se somete a otra lógica.
En el pincel de Gisela Gaffoglio, el lienzo en blanco,  lejos de encarnar la mancha en el cuadro, deviene la potencia de todos los colores posibles, desviando y captando de manera total la mirada, que se desplaza de las pequeñas ventanas de la ciudad, sugerentes de seres palpitantes en sus cotidianeidades, en sus haceres, hacia los torrentes cromáticos que rodean dicha ciudad, que la penetran.
Los matices se tornan luz que atrae, desdibujando lo rectilíneo, lo uniforme, lo coherente.
El lienzo muestra su fuerza desde los márgenes vertiginosos.
Los colores vibrantes, ya se trate de metaforizar la inmensidad del mar o lo intangible del aire, nos descubren una belleza diferente que nos cautiva, denotando un work in progress. Una metamorfosis, una búsqueda tan inherente al arte como a la vida.  

                                                                                            Leonor Curti
                                                                                      Psicoanalista- Escritora
No se la pierdan!!! Inaugura hoy, a las 19 en la sala 26 del Centro Cultural Borges.

martes, 15 de mayo de 2018

Germán García en la Feria del Libro 2018. Mesa de la SEA

Mesa de la SEA en la Feria del Libro de Buenos Aires. 12 de Mayo de 2018
El sábado pasado tuvo lugar en la Feria, una conversación con Germán García, escritor y psicoanalista. Estuvo animada por Nicolás Hochman.
García se remitió a Freud, y a su idea de que todo lo que recordamos antes de los 12 años, está reelaborado mil veces. Dicha idea ofició de marco para la evocación de sus recuerdos.
Sus comienzos con la escritura los relacionó con su gusto por la poesía española: leía a Quevedo, a Góngora, y escribía poesía. Con eso logró hacerse conocido en Junín, una ciudad chica de la provincia de Buenos Aires. La muerte del corredor Eusebio Marcilla, héroe de la ciudad, le inspiró un poema rimado publicado en el diario radical Democracia, que le gustó a todo el mundo, y le dio cierta fama. Tendría por entonces 13 o 14 años. Luego, como a los 15, escribió un artículo sobre Kafka. A los 16 vino a Buenos Aires, y como decía que era escritor (cuando le preguntaban a qué se dedicaba), se puso a escribir, y a gestar Nanina, su primera novela. Lo que lo atraía de la escritura era que se puede escribir hasta cuando a uno no se le ocurre nada: se escribe sobre eso (como sostenía Henry Miller). Si uno escribe es imposible entonces, no tener sobre qué escribir. Refirió que lo que vino después tuvo que ver con la suerte: Nanina fue un suceso de ventas (4 ediciones de 3000 ejemplares en un par de meses), entonces llegó la prohibición por el gobierno de Onganía y su orgullo por ello, junto con el temor de que no le prohibieran la próxima. La publicación surgió por un encuentro azaroso con Bernardo Kordon en la librería donde trabajaba. Kordon llevó material de la futura Nanina a Jorge Álvarez. Al tiempo vuelven a encontrarse y Kordon le dice que llame a la editorial y hable con Rodolfo Walsh, encargado de la selección de las publicaciones. Walsh decide llevarla al Premio Casa de las Américas de Cuba. La novela no gana: le habían dado el premio el año anterior a David Viñas, y no iban a repetir país premiado. Este hecho determinó el alejamiento de García de dicho premio, y su gusto por los escritores cubanos disidentes: Arenas, Cabrera Infante, Lezama Lima. Nanina es publicada entonces por Jorge Álvarez. La novela que lleva el nombre de una gatita blanca, fue muy bien recibida por los lectores. La censura le implicó “pasar solo de la página de culturales a la de policiales”, sin apoyo de sus colegas, que al decir de García, les importaba si estabas preso por cuestiones políticas pero no si era por temas culturales. Le dieron dos años de prisión en suspenso, a la vez que este hecho lo alineó con escritores de la talla del Marqués de Sade y Henry Miller; se sintió de otra dimensión, sin sentirse obligado a juntarse con nadie.
Cancha Rayada, su próxima novela, fue contra Nanina: si lo habían prohibido en nombre de la patria, iba a ironizar y satirizar sobre ella; la patria misma era algo poco creíble (como ejemplo vale el retrato de San Martín que ilustra la tapa de la novela: pintado en Bruselas, de autor anónimo, semejante para todos los héroes latinoamericanos). Vuelve a Freud para citar la frase: “la escritura es, originalmente, el lenguaje del ausente”. Cancha Rayada comienza entonces con un homenaje a Borges (Tiresias) que fue el único que para García, puso la literatura por encima de todo.
Nanina y Cancha Rayada le valieron volverse un hombre maldito en Junín: la gente escribía a la revista Gente pidiendo que enviaran un periodista a comprobar lo hermosa y pura que era la ciudad; para contrarrestar las patrañas que había escrito. De hecho, en la actualidad alguien del gobierno tenía la propuesta de otorgarle el título de ciudadano ilustre de Junín y para no dividir la ciudad, fue dejado sin efecto.
Con La vía regia, la próxima novela, tuvo también un episodio de censura del que no se enteró en su momento: debido a la foto de la tapa, que mostraba el pubis de un cuerpo, sin poder saber si era de un hombre o de una mujer. En este caso la prohibición fue de exhibición.
Luego se refirió a su vínculo con Guzmán (autor de El frasquito) y de Lamborghini (autor de El fiord). Previo paso por la revista Los libros, a cargo de Héctor Schmucler (de la que se desvincula por la creciente politización de sus participantes, que se dividían entre los afectos al VC y los afectos al PCR), hizo Literal, proyecto en el que se incluyen tanto Guzmán como Lamborghini, pensada como una publicación que pudiera llevarse en el bolsillo. Si bien no afirmó haber sentido que inauguraban una nueva manera de narrar en nuestro país, sí tuvo conciencia de que molestaban a todo el mundo. Mencionó  a Kojeve y su artículo Juliano y el arte de escribir, y lo refirió al slogan que había acuñado para la publicación: “no matar la palabra, no dejarse matar por ella”.
Recordó a su amigo Ricardo Piglia, a quién conocía de Los libros (que tiene su edición facsimilar gracias a la gestión de Horacio González al frente de la Biblioteca Nacional), aunque no compartía con él la idea del compromiso político del escritor: García consideraba que no tenían ningún peso, a nadie le importaba la revista; incluso ahora nadie la lee, dijo, a pesar de ser una revista extraordinaria.
Luego de La via regia, se fue a España, y en la editorial Montesinos publicó la novela Perdido, que volvería a publicarse en Argentina como La fortuna. En el interin publicó quince o dieciséis libros sobre Psicoanálisis, incluidas dos historias de la entrada del Psicoanálisis en la Argentina: con La entrada del Psicoanálisis en la Argentina y los debates culturales: ejemplos argentinos, gana la beca Guggenheim. Sus investigaciones llevaron a situar que el psicoanálisis en nuestro país no llega con Garma, en el 42, sino en 1910.
Finalmente habló de Miserere, su última novela editada por Mansalva en 2016. A diferencia de las anteriores, Miserere se escribió lentamente, con tiempo. Ante la pregunta de Hochman, García precisó que no sabe si es la novela de la madurez. Refirió que los que hicieron humor en las décadas del 50 y el 60 eran infantilizados (como Chaplin). Leyó entonces, una frase de la novela que toma Hochman en su artículo Miserere o la era de la inmadurez, publicado en el último número de la revista Etcétera, de la Fundación Descartes:Lamento que la vida sea tan corta para lo que quiero, y tan larga para lo que se fuga, para lo que se escabulle cuando me acerco”. Se preguntó entonces: ¿Qué es, maduro o inmaduro?
Ante la pregunta sobre qué cambió desde las primeras novelas a Miserere, García planteó un viraje en la cultura: del movimiento francés que acercaba a Lacan, Foucault, Benveniste, Barthes; del desencanto de la juventud se pasó a un estilo balzaciano de narrar, situado principalmente en Estados Unidos, alejado de las dificultades que implicaba acercarse a Joyce, a Faulkner, por ejemplo. Todo lo narrado que es exitoso, de una manera o de otra, debe referirse a la distopia, lugar común de esta época. No hay, para García, narradores norteamericanos que estén a la altura de las vanguardias europeas (Gombrowicz, Jarry, por ejemplo).  
En relación con su nombre y firma en sus novelas, comentó que comenzó firmando con su segundo nombre Leopoldo (desoyendo la idea de la editorial que lo publicaba de cambiar su nombre), debido a un escritor de Bahía Blanca homónimo. En el 2000, suponiendo que dicho escritor había muerto, decidió firmar Germán García. La aparición de otro “escritor” homónimo en alguna cárcel del sur, donde había escrito sus memorias, le hizo pensarse, en un alarde de humor característico de él, como el Homero del sur: un escritor que aunara y avalara lo escrito por todos los otros Germán García.
Hubo lugar luego para preguntas que evocaron su decisión de no escribir sobre los asesinatos y desapariciones de amigos durante de la dictadura de los 70, la pertinencia de no mezclar literatura y psicoanálisis (dada la tendencia americana de literaturizar el psicoanálisis sobre todo lacaniano), y el psicoanálisis como un discurso en el que no hay diálogo ni intersubjetividad, sino malentendido y cálculo de la interpretación, de modo que está excluido para el escritor, servirse de lo que produce dicho discurso.
Fue un encuentro excepcional: ameno, divertido, interesante, lleno de anécdotas que dejaron mucho para pensar sobre el psicoanálisis y sobre el lugar de la cultura en nuestro país, encuentro del que estas líneas ofrecen solo un esbozo.




viernes, 11 de mayo de 2018

Germán García en la Feria del Libro de Buenos Aires. 12/05/18

Mañana por la noche, en la sala Rodolfo Walsh, del pabellón Amarillo, a las 21!

miércoles, 9 de mayo de 2018

La conciencia narrativa. Juan Villoro en Malba. 8/05/18

Ayer tuvimos ocasión de disfrutar de la presencia de Juan Villoro en nuestra ciudad y en Malba. Trataré de extractar las líneas principales de su intervención para transmitírselas. Comenzó con un homenaje a su amigo y mentor Sergio Pitol, fallecido recientemente. A través de recuerdos compartidos, Villoro fue entramando la relación de la escritura con la memoria: para Pitol, recordar era conocer, plasmar en la página instantes fugitivos, fragmentos. No contaba lo que ya recordaba, sino que escribía para recordarlo. Haber experimentado la hipnosis para dejar de fumar le brindaría un descubrimiento estético, diría Villoro. Le proveyó el material para su método de escritor: Pitol sería un buscador de memoria. Como en el jazz, el recuerdo seguía un patrón básico con zonas reservadas a la improvisación. Curiosa paradoja para un escritor que en sus últimos años fue perdiendo la memoria.
El inquilino de la mente no siempre se siente dueño de ella: el telar encantado de la mente escapa a la apropiación total. Si el conocimiento trabaja con certezas, el arte lo hace con incertidumbres que procura no resolver: la vigencia de una obra depende de las distintas interpretaciones que suscite; de la capacidad de traicionarse a sí misma. La conciencia narrativa depende de que algo pueda ser entendido de distintos modos. Con el filósofo Alejandro Rossi dirá que el yo no es el dueño de las elecciones que lo marcan, sino su inestable inquilino que habita en forma incierta el espacio que el cuerpo le tiene reservado. Escribir es hablar desde esa voz pasajera, que no es la voz del autor sino la que elige para contar la historia. No hay sí mismo que se corresponda con ella. Del mismo modo, nuestra imagen mental de nosotros mismos no se corresponde con la imagen que nos devuelve el espejo: una imagen exterior a nosotros es la que nos proporciona lo más cercano a una identidad posible. El yo narrativo tiene una cualidad escindida; escribir literatura significa no estar seguro. El cortocircuito entre narración y sentimientos, dijo, provocan neurosis imprescindibles para crear personajes. Henry James introducirá en la literatura al narrador omnisciente: el que sabe todo lo que le ocurre y piensa cada uno de los personajes. El yo, entonces, será también el entorno, su círculo de amistades, las ropas que usa, los objetos que posee (la ciencia hablará de exo-cerebro). La literatura puede entonces, crear la ilusión de esa intimidad, de esa interioridad. La historia de la literatura será para Villoro, la historia de la progresiva apropiación de la mente, de la subjetividad. Y la novela moderna explorará y explotará la frontera entre la razón y el delirio (el Quijote, por ejemplo). La literatura tendrá mayor veracidad si admite la incertidumbre.
La ciencia y la medicina potenciaron el esclarecimiento de la interioridad del cuerpo. Para Villoro no será casual, entonces, que el primer monólogo interior en lengua alemana fuera escrito por un médico, en El teniente Gustl, de Arthur Schnitzler, donde se explora lo inconciente y la asociación libre de ideas, cuestión que le valiera que Freud lo considerara como su doble: el lector, al modo del analista, entiende mejor la historia fragmentada e aparentemente inconexa, cosa que el protagonista no logra hacer. Esto será el anticipo de lo que Joyce plasmara en el monólogo de Molly Bloom, en Ulises.
En La narrativa moderna Virgina Woolf se pregunta cuál es la función del escritor. Lo que el escritor quiere es captar la sustancia de la experiencia sensible, captar el mundo, captar esas farolas evanescentes y caóticas que nos rodean como un halo disperso. Ese es el desafío del escritor: recuperar ese halo disperso de la existencia, llamado a recuperar la inconexa multiplicidad de lo real, la luz difusa de la experiencia,  y para ello se sirve de la historia, de los personajes, de la estructura, etc.
Partimos de la premisa básica de que la literatura produce realidades. Los personajes, como Anna Karenina, no son falsos, son incomprobables. La verosimilitud en la literatura no depende del ajuste al mundo real, sino de las condiciones internas del relato y del pacto íntimo que se establece con el lector. Es una forma peculiar del conocimiento que genera una ilusión de vida. García Márquez señaló que todo personaje tiene una vida pública, una privada y una secreta. Ésta última debe ser imaginada por la ficción. El valor del secreto será uno de los recursos más difíciles de dominar en la narrativa, lo que Javier Cercas llama el punto ciego de una novela: lo que sin conocerse incide en toda la trama. Una suerte de caja negra que el novelista pospone, y que nunca se abrirá. La incertidumbre convierte a la literatura en algo particularmente creíble. Lo que no ha pasado, lo no ocurrido nos afecta, pertenece al orden conjetural, configura la trastienda de lo real: es el misterio superior que nos decepcionaría si se resolviera. La novela es un instrumento del conocimiento humano, una herramienta de investigación existencial, por ejemplo, de la distribución de la atención en las ideas y cosas del mundo, y en la interpretación que se hace de ellas. Faulkner renovó la psicología de los personajes sin hablar del tema: declaró que todos sus conocimientos de psicología se debían al Poker. Dijo que el escritor no está interesado en mejorar la condición humana; está interesado en el comportamiento humano sin juicio alguno de por medio. El novelista, como el psicólogo o el antropólogo, está dispuesto sin prejuicios, a describir la conducta ajena, con la variante decisiva de que no se ocupa de lo que la gente hace sino de lo que puede hacer.
Sin embargo, dijo Villoro, la libertad para escribir es relativa, debido al poder censor de la conciencia. Propuso que escribir en distintas lenguas conlleva asumir distintas personalidades. Lo que escribimos, entonces, nos llega no de un modo racional sino atmosférico, ya que tiene que ver con la lengua que trabajamos, con la colectividad que nos rodea, con la época. Los mejores resultados en literatura provienen de lo que el autor no tiene tan conciente. La escritura provoca una despersonalización, ingresando a una zona de libertad y autonomía. La voz con la que los escritores escriben solo existe en sus páginas, por eso conocerlos suele ser decepcionante. La voz que narra lleva la impronta de lo que los científicos, entre ellos el antropólogo mexicano Roger Bartra, llaman el exo-cerebro: una red simbólica (cultura, bibliotecas, museos, significaciones compartidas, el habla, la música, internet, etc) que no puede ser almacenada en el cerebro propiamente dicho. Según estudios de neurofisiólogos mexicanos, como Ranulfo Romo, la conciencia de realizar un acto suele ser sutilmente posterior al impulso nervioso que lleva a su realización. Los actos, incluso los menores, no es seguro que dependan exclusivamente de la voluntad y la decisión. En el ser humano, como singularidad, coexisten el determinismo y la deliberación: la ambición de libertad y la exigencia cultural del pensamiento propio son plásticamente alteradas por la cultura desde el exterior (lo que llamó exo-cerebro). La libertad de elección no es una necesidad orgánica, sino social, de cómo una época se entiende a sí misma.  Aislado de la comunidad el cerebro carecería del reto y la posibilidad de ejercer la libertad. Así como el contexto, a su vez, lo condiciona. Entendemos en relación con la forma en la que una época se entiende a sí misma. La supervivencia de la especie ha dependido de las historias que se cuenta a sí misma.
El ser humano hace mil años decidió que la realidad no le gustaba, al menos no del todo. Entonces ha usado este margen de elección, de libre albedrío para criticar el entorno y oponerle otro entorno imaginario hecho de incertidumbres, que tiene una captación de sentido diferente que es la que realiza la narrativa. Vivir significa enfrentar dolores y suponer que todo podría ser mejor. La sola promesa de que moriremos basta para saber que el destino está en deuda con nosotros. La especie encontró en la literatura una manera provisional para sobrellevar la imperfección del mundo. El sinsentido y las deficiencias de lo real se compensan concibiendo un orden alterno parecido al nuestro pero donde las cosas ocurren de otro modo. ¿Significa esto que el arte es superior a la vida? En modo alguno. La enseñanza del hecho estético es que éste puede incidir en el modo en el que percibimos el entorno. Esta certeza pertenece más a quién la recibe que a quién la emite. Un libro cerrado no es arte sino la posibilidad de una obra de arte.
El arte no es otra cosa que un desplazamiento mental: deja de suceder en el que lo crea, y su conciencia se desplaza transfigurada, como en su caso con su maestro Sergio Pitol, a quien lo recibe.
No faltaron a la erudita cita villoriana, Proust, Valery, Nabokov, Tolstoi, Chejov, Gogol, Delleuze, Cervantes, Borges, Piglia y Vargas Llosa, Deleuze, entre otros.
Un encuentro excepcional, sin dudas.