sábado, 11 de septiembre de 2021

LA MUJER SINGULAR Y LA CIUDAD DE VIVIAN GORNICK. 2015. APOSTILLAS SOBRE LAS MÁS MODERNAS DEGRADACIONES DE LA VIDA ERÓTICA EN LA CIUDAD DE LOS CORAZONES SOLITARIOS.

Les quiero recomendar esta hermosa novela de Vivian Gornick. Es una narración coral de personajes variopintos y seductores, que deambulan, en sus quehaceres enloquecidos, por la ciudad de los corazones solitarios por excelencia: New York. 

Pensándolo bien, es una suerte de El Banquete moderno, con la salvedad de que los filósofos, dramaturgos y comediantes se ven encarnados en seres con bastante menos vuelo intelectual que aquellos, pero que como pueden, dicen, piensan y sufren sobre lo que va resultando de sus vidas, cuando el ocaso de los días se percibe cada vez más cercano (la autora tenía alrededor de 80 años cuando escribió esta novela). Un circuito de calles y palabras, que sirven de marco para una Diótima moderna: Leonard, el amigo gay de la autora, a quien recurre cuando las preguntas sobre la existencia la inquietan y la angustian. 

El amor, la amistad, las voces heteróclitas y disonantes, las lenguas y las religiones, los goces sexuales son los tópicos que se abordan, entre el ensayo y la crónica; entre el diario personal y el drama. También el anhelo de la revolución y del feminismo de los ´70 y ´80. Escrita con agilidad, profundidad y ligereza a la vez, es un derroche de humor y ternura. También de desinterés e indiferencias naturalizadas. En definitiva, el amor es un castillo de naipes inexplicable, que se sostiene de palabras; palabras que sin decirlo quizá, diseñan un caleidoscopio que nos dice que no estamos todos solos. 

Comparto con uds algunos pasajes especialmente jugosos del libro: 

"Siento debilidad por los hombres con los que he crecido. Son como cloroformo impregnado en un trapo contra mi rostro: los inhalo, me abro camino en su interior, quiero enterrarme en ellos. Cuando era una niña, quería ser ellos: esos niños espabilados, morenos y delgadísimos, de ojos encendidos y pasiones ignorantes que todos los días se juntaban en lo alto del edificio para reír, decir palabrotas  sentirse importantes chismorreando de todos. Nunca superé no ser uno de ellos. No era que envidiara esa capacidad de imaginación que compartían- esa que parecían haber heredado, de tan natural que resultaba-, era que me asustaba cada vez que me daba cuenta de que no era uno de ellos, y de que nunca lo sería. En esos momentos me sentía en peligro: sin un mundo y sin un yo".

"Ver cómo la actividad de una mente brillante le devolvía la vida a una persona medio muerta fue presenciar una metamorfosis que siempre se me antojó como ninguna otra. 
- ¿Es que no hay nadie aquí con quien puedas conversar?-le pregunté una vez.
-No, querida- respondió Alice- Charlar, sí. Para eso hay muchos. Pero conversar, no. Desde luego no una conversación como la que estamos teniendo ahora. 
La charla anodina que saturaba su cabeza a diario, me dijo, era mortalmente aburrida. 
-Peor que el silencio.- dijo-. Mucho peor". 

"En la barra de un café, dos mujeres sentadas en perpendicular a mí charlan. Una le está contando a la otra que una mujer que ambas conocen se acuesta con un hombre mucho más joven. 
- Todas le decimos que sólo va detrás de su dinero.-La mujer mueve la cabeza como una muñeca de trapo y pone cara de tonta imitando a la mujer de la que hablan-: "Pues muy bien", nos responde, "puede quedárselo todo". Y oye, qué quieres que te diga. Tiene un aspecto fantástico". 

 

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