lunes, 10 de junio de 2019

EL ULTIMO DELICADO. Cioran sobre Borges. Carta hermosísima, irónica, llena de humor y de alto vuelo intelectual. ¡Qué fiesta leer estas cosas!

 París, 10 de diciembre de 1976


Querido amigo:


El mes pasado, durante su visita a París, me pidió usted que colaborara en un libro de homenaje a Borges. Mi primera reacción fue negativa; la segunda también. ¿Para qué celebrarlo cuando hasta las universidades lo hacen? La desgracia de ser conocido se ha abatido sobre él. Merecía algo mejor, merecía haber permanecido en la sombra, en lo imperceptible, haber continuado siendo tan inasequible e impopular como lo es el matiz. Ese era su terreno. La consagración es el peor de los castigos -para el escritor en general y muy especialmente para un escritor de su género. A partir del momento en que todo el mundo lo cita, ya no podemos citarle o, si lo hacemos, tenemos la impresión de aumentar la masa de sus ``admiradores'', de sus enemigos. Quienes desean hacerle justicia a toda costa no hacen en realidad más que precipitar su caída. Pero no sigo, porque si continuase en este tono acabaría apiadándome de su destino. Y tenemos sobrados motivos para pensar que él mismo se ocupa ya de ello.

Creo haberle dicho un día que si Borges me interesa tanto es porque representa un espécimen de humanidad en vías de desaparición y porque encarna la paradoja de un sedentario sin patria intelectual, de un aventurero inmóvil que se encuentra a gusto en varias civilizaciones y en varias literaturas, un monstruo magnífico y condenado. En Europa, como ejemplar similar, se puede pensar en un amigo de Rilke, Rudolf Kassner, que publicó a principios de siglo un excelente libro sobre la poesía inglesa (fue después de leerlo, durante la última guerra, cuando me decidí a aprender el inglés) y que ha hablado con admirable agudeza de Sterne, Gogol, Kierkegaard y también del Magreb o de la India. Profundidad y erudición no se dan juntas; él había logrado sin embargo reconciliarlas. Fue un espíritu universal al que sólo le faltó la gracia, la seducción. Es ahí donde aparece la superioridad de Borges, seductor inigualable que llega a dar a cualquier cosa, incluso al razonamiento más arduo, un algo impalpable, aéreo, transparente. Pues todo en él es transfigurado por el juego, por una danza de hallazgos fulgurantes y de sofismas deliciosos.


Nunca me han atraído los espíritus confinados en una sola forma de cultura. Mi divisa ha sido siempre, y continúa siéndolo, no arraigarse, no pertenecer a ninguna comunidad. Vuelto hacia otros horizontes, he intentado siempre saber qué sucedía en todas partes. A los veinte años, los Balcanes no podían ofrecerme ya nada más. Ese es el drama, pero también la ventaja de haber nacido en un medio ``cultural'' de segundo orden. Lo extranjero se había convertido en un dios para mí. De ahí esa sed de peregrinar a través de las literaturas y de las filosofías, de devorarlas con un ardor mórbido. Lo que sucede en el Este de Europa debe necesariamente suceder en los países de América Latina, y he observado que sus representantes están infinitamente más informados y son mucho más cultivados que los occidentales, irremediablemente provincianos. Ni en Francia ni en Inglaterra veía a nadie con una curiosidad comparable a la de Borges, una curiosidad llevada hasta la manía, hasta el vicio, y digo vicio porque, en materia de arte y de reflexión, todo lo que no degenere en fervor un poco perverso es superficial, es decir, irreal.


Siendo estudiante, tuve que interesarme por los discípulos de Schopenhauer. Entre ellos, un tal Philip Mainlander me había llamado particularmente la atención. Autor de una Filosofía de la Liberación, poseía además para mí el aura que confiere el suicidio. Totalmente olvidado, yo me jactaba de ser el único que me interesaba por él, lo cual no tenía ningún mérito, dado que mis indagaciones debían conducirme inevitablemente a él. Cuál no sería mi sorpresa cuando, muchos años más tarde, leí un texto de Borges que lo sacaba precisamente del olvido. Si le cito este ejemplo es porque a partir de ese momento me puse a reflexionar seriamente sobre la condición de Borges, destinado, forzado a la universalidad, obligado a ejercitar su espíritu en todas las direcciones, aunque no fuese más que para escapar a la asfixia argentina. Es la nada sudamericana lo que hace a los escritores de aquel continente más abiertos, más vivos y más diversos que los europeos del Oeste, paralizados por sus tradiciones e incapaces de salir de su prestigiosa esclerosis.


Puesto que le interesa saber qué es lo que más aprecio en Borges, le responderé sin vacilar que su facilidad para abordar las materias más diversas, la facultad que posee de hablar con igual sutileza del Eterno Retorno y del Tango. Para él cualquier tema es bueno desde el momento en que él mismo es el centro de todo. La curiosidad universal es signo de vitalidad únicamente si lleva la huella absoluta de un yo, de un yo del que todo emana y en el que todo acaba: comienzo y fin que puede, soberanía de lo arbitrario, interpretarse según los criterios que se quiera. ¿Dónde se halla la realidad en todo esto? El Yo, farsa suprema. El juego en Borges recuerda la ironía romántica, la exploración metafísica de la ilusión, el malabarismo con lo ilimitado. Friedrich Schegel, hoy, se halla adosado a la Patagonia.


Una vez más, no podemos sino deplorar que una sonrisa enciclopédica y una visión tan refinada como la suya susciten una aprobación general, con todo lo que ello implica. Pero, después de todo, Borges podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas, y si existe una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitaría a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al último delicado.



E.M. Cioran



Agradezco a Maximiliano Fabi la gentileza de hacerme conocer esta joya y de compartirla conmigo. Cioran le está respondiendo a Savater.

domingo, 9 de junio de 2019

¿Qué resultaría de mezclar algo de Kafka con conocimientos de política económica? What would result mixing a little Kafka thing with political economics? ¡1984! (1949) George Orwell. Cuando la literatura predice el futuro. When literature predicts the future.

¿No leíste 1984? ¿Qué estás esperando?
Festeja sus 70 años. Así que arreglate un poco para la fiesta. Vas a la librería, lo comprás (o lo pedís prestado- algunos prestan libros aún, aunque no sea mi caso) y lo lees.
Haven´t read 1984 yet? What are you waiting for? We are celebrating its 70 aniversary. So get dress for the party. Go to the bookstore, by the novel (or borrow it if you find someone who lends books, not me) and read it.

"Pues si todo el mundo disfrutara del ocio y la seguridad, la gran masa de personas que por lo general están embrutecidas por la pobreza terminarían cultivándose y aprendiendo a pensar por sí mismas; y, más tarde o más temprano, repararían en que dicha minoría privilegiada privilegiada carecería de función y acabarían con ella. A largo plazo, una sociedad jerárquica solo era posible si se basaba en la pobreza y la ignorancia".  Capítulo IX, segunda parte.

"(...) el Partido ambiciona el poder en sí mismo. No nos interesa el bienestar ajeno, sino únicamente el poder. Ni la riqueza, ni el lujo, ni la longevidad, ni la felicidad: solo el poder en estado puro. Somos distintos de todas las oligarquías del pasado, porque sabemos lo que hacemos. Las demás, incluso las que más se nos parecían, eran cobardes e hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos utilizaron métodos muy similares a los nuestros, pero nunca tuvieron el valor de reconocer sus motivos. Fingían, y tal vez incluso creyeran, haber tomado el poder contra su voluntad y por un tiempo limitado, y que a la vuelta de la esquina esperaba un paraíso en el que la gente sería libre e igual. Nosotros no somos así. Sabemos que nadie toma el poder con la intención de renunciar a él. El poder no es un medio, sino un fin. Nadie instaura una dictadura para salvaguardar la revolución, sino que la revolución se hace para instaurar una dictadura. El objetivo de las persecuciones son las persecuciones. El de la tortura, la tortura. Y el del poder, el poder". Capítulo III, tercera parte.

" If it once became general, wealth would confer no distinction. It was possible, no doubt, to imagine a society in which wealth, in the sense of personal possessions and luxuries, should be evenly distributed, while power remained in the hands of a small privileged caste. But in practice such a society could not long remain stable. For if leisure and security were enjoyed by all alike, the great mass of human beings who are normally stupefied by poverty would become literate and would learn to think for themselves; and when once they had done this, they would sooner or later realize that the privileged minority had no function, and they would sweep it away. In the long run, a hierarchical society was only possible on a basis of poverty and ignorance". Chapter IX. Part II.

"The Party seeks power entirely for its own sake. We are not interested in the good of others; we are interested solely in power. Not wealth or luxury or long life or happiness: only power, pure power. What pure power means you will understand presently. We are different from all the oligarchies of the past, in that we know what we are doing. All the others, even those who resembled ourselves, were cowards and hypocrites. The German Nazis and the Russian Communists came very close to us in their methods, but they never had the courage to recognize their own motives. They pretended, perhaps they even believed, that they had seized power unwillingly and for a limited time, and that just round the corner there lay a paradise where human beings would be free and equal. We are not like that. We know that no one ever seizes power with the intention of relinquishing it. Power is not a means, it is an end. One does not establish a dictatorship in order to safeguard a revolution; one makes the revolution in order to establish the dictatorship. The object of persecution is persecution. The object of torture is torture. The object of power is power". Chapter III. Part III. 


miércoles, 5 de junio de 2019

¡Deriva, deriva! La novela nueva ya tiene tres capítulos.

¡Qué sensación vertiginosa y subyugante! 
La novela ya tiene tres capítulos, y cada vez que terminé uno, no tuve la mínima idea de con qué iba a continuar, o de qué iba a tratar el próximo. 
Sentir la deriva, dejarme llevar, confiar en la contingencia y el azar. 
Cada nuevo capítulo se escribió sin esquema previo, sin anticipar nada. 
No es algo que no me haya pasado antes. De hecho parece que va configurándose (junto con las formas breves) en una suerte de estilo.
¡Pero nunca antes me había producido tanta alegría!

(No se si todo esto interese a alguien, pero necesitaba contarlo aquí, en mi casa literaria).

martes, 4 de junio de 2019

Miserere. De Germán García. Editorial Mansalva. Octubre 2017


Como las grandes novelas, que no se cierran sobre sí mismas, sino que proponen la sobredeterminación característica tanto de la literatura (en su intertextualidad) como de la lengua (en su aspecto irónico), Miserere, de Germán García, se abre como en abanico en sus ciento setenta y tantas páginas, a cientos de otras páginas, escritas por otras plumas. Epígrafes que evocan el horizonte del haiku (la novela termina con uno hermoso), las lecturas del protagonista, así como las citas entreveradas en la narración, me produjeron la fructífera sensación de estar nadando en el río de aguas dulces y generosas de la literatura universal; de lo que es vigente en todo momento donde algo de lo humano esté en juego. 
El narrador, apenas en proceso de dejar atrás la adolescencia, se aleja de su ciudad de origen rebautizada Circa, como evocación quizás, de un tiempo no datable del todo y teñido de cierta religiosidad superficial, para aventurarse en una tan deseada como ajena Buenos Aires. En un momento en el que los hombres se ocupan en las mesas de los bares del gobierno de Frondizi, del secuestro de Eichmann, de la muerte de Norma Penjerek, o del gobierno de Illia, el protagonista se aferra a los libros y al descubrimiento del deseo y del amor: las mujeres oficiarán como brújulas, en el mar de la ansiada libertad. Así, usará los primeros para tener acceso a las segundas, asistiendo a reuniones pseudopolíticas donde las cosas parecen girar en redondo por los vértices en tensión del triángulo Patria- Política- Religión, o participando de movimientos autoconvocados en pos de revoluciones que, pareciera, no irían a ninguna parte. Su mirada cercana, pero lo suficientemente distante como para obtener una perspectiva propia, evoca una versión de lo argentino que oscila entre el silencio (elocuente si lo que está en juego es el deseo o el amor, pero cercano al terror si lo que está involucrado es la locura o la muerte) y el fulgor carnavalesco: en el ser argentino podría leerse una ficción de un carnaval, en el que la euforia incongruente entre la tradición y la colonia danza y convive con los muertos en la calle, que caen como por azar, que quedan en el anonimato, fuera de toda memoria, producto de la represión armada y de la sexual. Lejano a toda heroicidad, el narrador no teme ser algo risible para los que creen en ideales serios, porque se enrola en las filas de los que prefieren vérselas con una mujer que ir a la guerra (tal como lo dijera Freud, pero a la inversa), o hacer la revolución. 
Encontré en Miserere, una ética de la inmanencia; sin deseo no hay vida que valga la pena ser vivida. Mas ese deseo es encarnado. No olvida el cuerpo; ni sus satisfacciones ni el dolor. Una historia de amor dibujará las coordenadas en las que se delimita la trama, historia con la que el protagonista entretejerá su pasado con su presente, para saber si quiso lo que deseó, si quiere lo que desea. En la línea de La Fortuna, otra novela de Germán García, Miserere me pareció irónica sin ser canalla, humorística sin ser una comedia, concisa sin dejar de ser alusiva, histórica sin ser reivindicativa, nostálgica sin ser melancólica. Márgenes que se transitan no sin dificultad y con algunos derrapes, en la literatura argentina de hoy. García camina por esos estrechos márgenes con maestría y sin abandonar nunca un decir particular, ligado al gay saber y al goce de la vida, a un goce vital. 
La operación simbólica y semántica que Nanina lleva a cabo con la infancia, Miserere la realiza con la historia, que nunca es "nuestra" porque nunca es Una, porque en definitiva, en algún punto, se tiñe de ficción. Suele ocurrir, como en la novela, que el que cree tener la versión Una de la historia termine pidiendo misericordia. Como dice Stephen Dedalus en Ulises, "Me dan miedo esas grandes palabras que nos hacen infelices". Y de eso el narrador de Miserere parece estar advertido. Con la perspicacia de los personajes de Arlt, con el humor de Gombrowicz, con la mirada lúcida de Joyce (por momentos el narrador podría ser el mismo Stephen Dedalus, con algo más de optimismo), Miserere es a Buenos Aires lo que Ulises a Dublín: leyendo sus páginas uno puede saber cómo se vivía en algunos ámbitos de nuestra ciudad, en aquellos años donde algunas utopías parecían aún posibles, y el deseo circulaba por sus calles, por los bares, y fundamentalmente, por los cuerpos.

lunes, 3 de junio de 2019

Breves N# 21. Publicación de la Biblioteca del Centro Descartes.


Los Breviarios datan del siglo XI y tenían como fin facilitar el transporte de Los Libros de Horas a los clérigos. Sinónimo de breve, resumen, apunte.

¡No se pierdan el número de mayo de BREVES, publicación de la Biblioteca del Centro Descartes! Como es habitual, un número de excelencia, bajo la talentosa inspiración de Andrea Buscaldi, Carolina Saylancioglu y Maximiliano Fabi.
En este número:
MIGUEL VITAGLIANO
GRACIELA MUSACHI
CAROLINA SAYLANCIOGLU
MAXIMILIANO FABI
JULIO RIVEROS

Vitagliano comenta Las Fronteras del discurso, de Mijaíl Bajtín, Editorial Las Cuarenta, Buenos Aires, 2011, con traducción de Luisa Borovsky (libro presentado en el ciclo Lecturas Críticas del Centro Descartes).
Musachi comenta Lacan entre las feministas. La objeción de la mujer, de Gabriela Rodríguez, Editorial Tres Haches, 2019.
Saylanciogly comenta Fornicar y matar, de Laura Klein, Editorial Planeta, 2005. Fabi por su parte, comenta La soledad del lector, de David Markson, Editorial La bestia equilátera, 2018.Cierra este número, una Carta de Lectores, por Riveros, con el título: ¿Qué lee un analista?. 
¡Sólo entren en el enlace que sale más abajo y listo! 


https://bibliotecadelcentrodescartes.blogspot.com/2019/05/breves-lecturas-comentadas-nro-21-mayo_41.html?fbclid=IwAR2_RHLfHHaNIlszHS6zu_z3lfw0aI-ieAz1MDdVSRVv8lrkdQqYd6kpQV8

domingo, 2 de junio de 2019

La Esposa joven. De Alessandro Baricco. Una novela sobre lo femenino.

Comentar para ustedes este libro va a ser todo un desafío. Primero una digresión: fui a ver bailar a Julio Bocca (idolatro a Julio desde siempre) cuando anunciaba su retiro de los escenarios como bailarín. Interpretó una danza con una mesa, y los maravillosos acordes de Invierno porteño de Piazzolla de fondo. Una vez terminada su actuación, ya repuesta del nudo en la garganta que tenía por la emoción, pensé: ¿cómo es posible hacerle el amor a una mesa? Julio desplegó con su arte un cobijo erótico y sensual alrededor de una mesa. Lo encuentran en youtube.

Entonces volvamos a La Esposa joven. Es un relato con estructura de cajas chinas: relatos dentro de relatos, con cambios de voz narrativa que se suceden sin aviso. Todo el texto es un aparente continuo, con giros de voces cuyos relatos diferentes convergen, sin embargo, en la única historia que se narra. La historia es la de la emigración y el viaje, coordenadas crueles donde se entrecruza un amor a la distancia, y el tejido paulatino de las pequeñas historias familiares, historias partidas por la ambición y el éxito económico, y por la emigración. También aparece el escritor-narrador de la historia, en ocasiones, haciendo su propio viaje: la escritura de la novela, y su huída a una isla.
La Familia en su conjunto, es algo excéntrica: todos los muertos habían muerto de noche, por lo cual todos en La Familia temían irracionalmente a la noche, y cada uno desarrollaba sus medidas precautorias para sortearla, así como llenaban sus días de reglas implícitas, mecanismos de funcionamiento interno, normas de convivencia.  Él, se va de viaje en busca de éxito y fortuna, ella va desde Argentina a Italia a esperarlo en la casa de su familia, La Familia. Sí, la Odisea. Él, Ulises, ella Penélope.
Está narrada con exquisita maestría (al menos en la traducción que leí), llena de ocurrencias entre brillantes y disparatadas (por ejemplo, me fascinó lo de los silogismos inescrutables de La Madre), y con mucho erotismo y sensualidad. Con cierto guiño shakespereano (Modesto es una suerte de bufón moderno) pero sin atisbo de tragedia, esta novela es mucho más que todo lo dicho.
Por otro lado, con finura y belleza narrativa, se va tejiendo la experiencia del escritor con la novela que está escribiendo. Son pequeños destellos brillantes que dan cuenta del proceso que vive el creador con lo creado.
La Esposa joven es una novela sobre la espera, pero sin melancolía ni tristeza (ser infeliz estaba prohibido en la casa de La Familia, por improductivo) pero sobre todo es una novela de mujeres; sobre las mujeres: sobre lo que saben, sobre lo que callan, sobre sus secretos, sobre su sexo y el goce que se produce en su cuerpo, sobre el amor y la pérdida de la inocencia. Y como lo hizo Julio con la mesa, el alto nivel (por mucho pero también por excelente) de erotismo de algunas de sus escenas hacen que el lector sienta que está haciendo el amor con la novela. Hay momentos que son verdaderas joyas sobre lo femenino: la charla de ella con su abuela, enseñándole los secretos para ahuyentar a hombres incestuosos y por eso indeseables, y la magia para hacer que todas las armas de seducción se pongan a disposición de la interesada cuando el caballero en cuestión lo justifique. Esas páginas son de una belleza pocas veces encontrada por mí en lo que tengo leído hasta hoy. O cuando La Esposa joven le pregunta a La Madre ¿cómo se hace para ser hermosa?, ésta le enseña a recogerse el pelo sobre la nuca, y este relato es de una potencia sensual increíble. Más aún cuando le enseña cómo y de qué maneras goza una mujer de la voluptuosidad de su cuerpo, habilitando a esa hace-apenas-un-rato-niña a devenir mujer, en una noche memorable de cuerpos abiertos al descubrimiento y al disfrute. Ma-ra-vi-llo-so. El final es tan ingenioso como demoledor.
La Esposa joven me parece la novela que una madre podría regalarle a su hija que va a hacerse mujer, para que lea todas esas cosas de las que no se suele hablar en familia, que vuelven la vida una ocasión gozosa, y que Alessandro Baricco tuvo la audacia y la poesía imprescindibles para escribirlas. 
Al terminar de leerla, se siente la misma hermosa y paradójica sensación que se siente luego de una noche de intenso amor verdadero: se ha vencido a la muerte, con la máxima conexión que dos seres pueden alcanzar juntos, involucrando sus cuerpos; los amantes se han elevado hasta lo inefable. A la vez, se tiene la dolorosa incertidumbre sobre si lo vivido se repetirá alguna vez. 

sábado, 1 de junio de 2019

¿Sabés a quién citas? Apuesto a que no. Baltasar Gracián y El arte de la prudencia.

Baltasar Gracián fue un filósofo y escritor jesuita español, nacido en 1601 y fallecido en 1658. ES autor de El criticón, y El arte de la prudencia, entre otras obras. Influyó en La Rochefoucauld y La Bruyere entre otros escritores franceses, pero sus lectores más famosos, además de Lacan (a quién le debo haberlo leído), son Schopenhauer y Nietzsche.
El libro de hoy, es una suerte de tratado para el comportamiento prudente en una sociedad que ya mostraba rasgos de modernidad, a partir de la influencia de los valores capitalistas herederos del protestantismo.  Parte del axioma de que el mundo es hostil. La prudencia entonces, será un arte o un artificio. Su forma de expresión predilecta será el aforismo, sentencia breve, cargada de significación, y sus aforismos tendrán la particularidad lógica de no hacer sistema. La sabiduría que transmiten vendrá dada fragmentada: el lector tendrá la tarea de leer con precisión, interpretar y decidir en qué momento y condiciones aplicar la sabiduría obtenida.
Para Gracián la realidad es una cosa, y la apariencia, que prevalece sobre la primera, otra.
Así que ahora van algunos de sus aforismos.

-"Evitar las victorias sobre el jefe. (...)".
-"La vida del hombre es milicia contra la malicia del hombre. (...)".
-"Variar de estilo al actuar. (...)". 
-"Ser buen entendedor. (...) Las verdades que más nos importan vienen siempre a medio decir". (¡Lacan!)
-"Conocer a los afortunados, para escogerlos, y a los desdichados, para rechazarlos. (...)".
-"Vivir es saber elegir. (...)".
-"Saber negar. No se debe conceder todo, ni a todos. (...)". 
- "Las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen. (...)".
-"(...) La brevedad agrada y es útil: gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno; incluso lo malo, si poco, no tan malo. (...)".
-"Saber usar la verdad. (...) con una misma verdad uno adula y otro incomoda (...)".
-"No hay venganza como el olvido. (...)".
-"Sin mentir, no decir todas las verdades. (...)".
-"Más vale ser engañado en el precio que en la mercancía. (...)".
-"(...) Donde hay gente, va la mayoría, porque ve ir a los otros. (...)". 
-"Pensarlo dos veces. (...). A quien pide con prisa (lo que es una treta para engañar a la prudencia), conceder tarde". 
-"El prudente hace a tiempo lo que el necio a destiempo. (...)". 

¡¡¡Y el broche de oro!!!!

- "Las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen. Valer y saberlo mostrar es valer dos veces. Lo que no se ve es como si no existiese. (...) el engaño prevalece y las cosas se juzgan por lo más externo. (...)".

Hermoso y prudente sábado para todos!