jueves, 13 de diciembre de 2018

Kentukis de Samanta Schweblin

Me tomé unos días pero no sin libros!
Así que hoy les cuento sobre Kentuckis. Razones de fuerza mayor me obligan a ser concisa y precisa.
Algo pasa cuando me llevo libros a los viajes. Tejen una confabulación. Antes, sin saber nada previo sobre ellos, me encontré con voces femeninas narrando duelos. Hoy me encuentro con voces femeninas que narran sobre la mirada.
Kentukis es una novela muy Samanta y no tanto. La cosa es esta. El mundo se divide en dos, o en tres, mejor. Los seres anónimos comunes y corrientes, banales y aburridos, los que eligen ser Kentucki y los que eligen tener un Kentuki.  Metáforas degradadas de mascotas, la vida pasa por su mirada habitada por un ser desconocido que mira la vida de otro, o por los que son mirados por el bicho en el seno de sus hogares. Hay múltiples historias que se intercalan en su continuidad, pero, como vaticinó Lacan, nadie parece escapar a la planetarizacion del objeto mirada.
La acción está narrada impecablemente; los personajes son seres raros pero no por eso faltos de ternura. Sin embargo el hallazgo de esta novela está, para mi en el uso del humor: hay pasajes muy graciosos del día a día, del cuerpo a cuerpo con los bichos. Me reí a carcajadas muchas veces, al encontrar algo de la dinámica del cómic en situaciones hilarantes. Por supuesto, la novela tiene pinceladas sobre sentimientos muy humanos, que voy a dejar que los lectores las descubran.
Samanta vibra en el espíritu de la época y lo lleva a uno de sus posibles epítomes, con una escritura eficaz, narrando airosa situaciones muy difíciles de narrar (como las mencionadas), con presencia de algún argentinismo, que vibra diferente que el resto del texto.












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